Y... el Vino, ¿de dónde vino?

El vino es una bebida milenaria ya conocida en la antigua Mesopotamia. La primera referencia histórica se encuentra en la Biblia. Noé, el Patriarca, comió uvas fermentadas para celebrar el final del Gran Diluvio Universal. Otra antigua, y bíblica, referencia al vino la tenemos en las bodas de Canaán.

Cuenta la leyenda que un rey persa dejó olvidado un racimo de uvas en el fondo de un vasija, pasado el tiempo descubrió que los frutos habían fermentado y de ellos brotaba un líquido. Él pensó que era un veneno y marcó el recipiente advirtiendo a sus cortesanas que el líquido allí contenido era peligroso. Una de ellas decidió suicidarse por haber perdido los favores del rey. Al tomar la extraña bebida en lugar de desmayos y dolores, cada sorbo le provocaba una sensación de deseo y alegría por lo que ofreció una copa al soberano y volvieron a amarse...

Existen, además, referencias en los textos del historiador Hesíodo y en los relatos Homéricos sobre la actividad vinícola en la antigua Grecia. La importancia que tenía esta bebida, tanto en el mundo Helénico como en el imperio Romano, y la actividad económica asociada a ella en esas grandes civilizaciones occidentales, es sugerida por su veneración a Dioniso o Baco dios de la vid y el vino.

Sin embargo fueron los griegos del Asia Menor quienes introdujeron las cepas de uva en Europa Central y Occidental, lo que hoy conocemos como Francia, España, Portugal e Italia. Por su parte los europeos, en sus constantes aventuras coloniales y expediciones de descubrimiento de nuevas tierras, expandieron e introdujeron en gran parte del mundo conocido el cultivo de la vid y la actividad vinícola.

En el mundo antiguo la crianza del vino se realizaba en ánforas de barro selladas con madera, posteriormente los romanos usaron toneles de madera. Y en 1690 el monje Dom Perignon ideó la técnica de envasar el vino en botellas de vidrio sellándolo con tapones de corcho y revolucionando así la industria vinícola.

La alquimia del vino ha estado siempre asociada a aspectos mágicos y sublimes del ser humano. Los momentos de mayor trascendencia los consagramos con este néctar producto de la tierra y el trabajo del hombre. Celebraciones, bodas, nacimientos, decesos, banquetes, fiestas familiares y religiosas tienen como acompañante al vino, el néctar de la uva fermentado que transmite euforia y alegrías.